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Cuando se habla de marketing digital, más de una vez se confunden términos: venta online (e-commerce), gestión de redes sociales (community management) o publicidad online (SEM u otros).

En realidad, Internet ha abierto un abanico de posibilidades para llegar a potenciales clientes de forma innovadora, mediante canales que permiten relacionarse de forma personalizada, como las redes sociales, y dispositivos como los teléfonos móviles o tablets personales.  Sin embargo, hay algunos principios que parecen olvidarse y que hacen a la comunicación externa de una empresa o institución, y tiene que ver no tanto con el cómo, si no con el qué, o mejor dicho, con el quién.

La voz de la organización, lo que la misma es, su identidad institucional, tiene que seguir siendo el punto de partida invariante a la hora de planificar una estrategia de marketing online. De hecho, es más necesario que nunca tener una buena definición institucional. Porque en Internet el mensaje ya no se construye unidireccionalmente, si no que tiene una modalidad conversacional. El público puede ahora hablar de una marca o de una organización, y lo que diga formará parte de la imagen de la misma que se construye online. Intervenir esta conversación puede ser incluso peligroso si no se tiene definido desde donde hacerlo, y objetivos claros.

La gran ventaja: nada es más potente que la recomendación, ese «boca en boca» viral que son las redes sociales. Si logramos posicionarnos de forma efectiva en Internet, tendremos un canal sólido de relacionamiento y a un costo mucho menor que los anteriores canales de marketing o espacios publicitarios. Por otra parte, ya no hay duda que Internet se ha vuelto el lugar donde el usuario va a buscar información, empresas, productos para comprar, entretenimiento… Por lo cual, una empresa que no está allí practicamente no exite para el consumidor actual.

Por todo esto, a la hora de diseñar una estrategia online siempre tenemos en cuenta:

  • La identidad institucional: los atributos que definen a la empresa u organización y le dan un carácter.
  • El objetivo de la campaña: ¿Qué resultados esperamos obtener a corto y largo plazo?
  • El público objetivo: ¿A quiénes le hablamos? ¿Dónde los encontramos? ¿Qué comportamientos online tienen? ¿Cuales son sus intereses y consumos?

Partiendo de estas tres definiciones básicas podemos crear mensajes adecuados y hacer el seguimiento correspondiente para garantizar que estamos alcanzando nuestras metas.

 

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